Hacer cola para reciclar y sentir virtud absurda
Llevas vidrio, plástico, sensación de adulto nivel diez. Esperas diez minutos bajo sol. Es relatable de burocracia verde. Piensas que el planeta no se salva solo con tu cola, pero el gesto alinea cabeza. Sales con contenedores vacíos y ego ecológico pequeño. El día a día incluye estas acciones simbólicas que importan y no importan a la vez. Lo importante es que no te rindes del todo al “total ya da igual”; aunque sea poquito, lo haces.