Ir a por café solo para salir del edificio diez minutos
No necesitas cafeína; necesitas aire y pasos. Vuelves con taza como excusa social interna. Es relatable de pausa laboral disfrazada. Piensas que el día a día de oficina inventa razones para moverse. El café sabe mejor por eso. Sonríes al recepcionista sin motivo. El mundo afuera respira distinto aunque sea la misma calle de siempre. A veces diez minutos bastan para resetear cara; el bar te da propósito mínimo y tú te lo agradeces en silencio.