Este domingo fue un día precioso en mallorca , bonito sol y mejor compañía del grupo del partido popular , en la fábrica ramis de inca , se hicieron votaciones en directo y nos quedamos bien por qué estamos con llorenç galmes #EnBonesMans
Entregar las llaves el sábado. Recoger las nuevas el domingo. Todo en 48 horas. Cajas por todas partes. No he podido dormir bien en una semana. La próxima vez pido un día entre medio.
La ropa queda expuesta, el agua se retira y aparecen charcos con peces pequeños atrapados un rato. Niños y adultos se agachan con curiosidad respetuosa. Ves cangrejos que corren lateral, risas. Es naturaleza intertidal, olor a algas fuerte. Sales con arena en rodillas. Piensas que la marea enseña ritmo: entra, sale, nada es fijo. Caminar por lo que antes fue mar es sensación rara de tiempo visible, como si el reloj fuera agua y te dejara ver engranajes.
Cada vez que abren un grifo o tiran de la cadena suena como si fuera en mi techo. No puedo hacer nada. Es el edificio. Duermo con ruido blanco. Así sobrevivo.
El casero solo puede subirte la renta una vez al año, cuando se cumple el aniversario del contrato. Tiene que avisarte con antelación. No puede subirte cuando le apetezca ni cada seis meses. Y nunca por encima del tope legal (IRAV en contratos nuevos).
Oyes serie alta; alguien le avisa suave; baja. No hay guerra. Es convivencia acústica de verano: aire versus sonido. Piensas que julio pide negociación constante. Cuando funciona, duermes. Cuando no, auriculares. Agradeces el gesto sin convertirlo en medalla. Sales al balcón y el aire entra con menos banda sonora ajena. Es paz pequeña, temporada alta, adultos decidiendo no ganar la batalla del volumen a costa del vecino.
Cuando tienes autorización de residencia en España te dan el TIE (tarjeta de identidad de extranjero). El certificado de registro es para comunitarios que viven aquí más de 3 meses. Son cosas distintas.
Searched for "visa appointment" once. Now I get ten emails a day from agencies and lawyers. Didn't sign up anywhere. Where did they get my email. Ignoring all of them.
Cuestión práctica: Contexto: viernes a las 17:58. Aparece RRHH con energía de tráiler de película. Me quedé mudo de cortesía. Yo solo quería cerrar el día.
En Lisboa y Oporto muchos hablan inglés, pero si quieres hacer amigos portugueses y no solo vivir en burbuja de expats, aprender aunque sea básico marca la diferencia. Un "bom dia" y "obrigado" ya les hace gracia. Intercambios de idioma y meetups ayudan un montón.
Lots of companies hire remote workers as contractors (1099, self-employed) to avoid setting up in your country. You get less protection (no paid leave, no redundancy) but more flexibility. Make sure your contract is clear on IP, liability and termination. In some countries too much control = they should treat you as employee.
Con la ley actual el arrendador particular puede prorrogar el contrato hasta 5 años (7 si es gran tenedor). Tú como inquilino tienes derecho a quedarte ese tiempo salvo que no pagues o incumplas. Si te piden irte antes "porque quieren el piso" revisa el contrato y la ley.
De 14 a 16 no hay nadie. Llegué a las 13:30. Me dijeron que volviera a las 16. No puedo. Trabajo. Tuve que pedir permiso otro día. Media jornada perdida por un cierre de dos horas.
Salgo agotado. Cuando miro atrás no sé qué he hecho. Reuniones. Correos. Nada tangible. La sensación de estar en una cinta que no lleva a ningún sitio.
Te escribe: “la del tres está muerta”. Subes, cambias bombilla si puedes, si no, avisas a comunidad. Es convivencia lumínica: nadie quiere rellano oscuro. Agradeces el ojo atento. Piensas que pequeños fallos visibles se arreglan más rápido si alguien nombra el problema sin acusar dueños. Sales con pasillo claro y con sensación de haber evitado susto nocturno a la vecina que llega tarde. Es cuidado mínimo con impacto real.
En Europa (Schengen) puedes estar 90 días dentro de cualquier ventana de 180 días. No es por año natural, es ventana móvil. Si te pasas aunque sea un día, quedas en irregularidad y hay multas de hasta 10.000€ o más en casos graves.
La pides con caña y aceitunas, en ración que parece pequeña y no lo es. Está fría, cremosa, con zanahoria en cubos perfectos como mentira bonita. Comes de pie, mirando la calle. Es comida de vermut, de tarde que empieza sin prisa. El pan limpia el plato con devoción. Sales con hambre aplacada y ganas de seguir charlando. La ensaladilla une generaciones en bar: abuelos, jóvenes, todos mojando igual. Es tapeo suave, casi nostalgia mayonesa.
Salta el aceite, te quemas un poco, sigues removiendo con miedo respetuoso. El ajo se dora y el pollo chilla en el buen sentido. Abres ventana y el vecino sabe que cocinas. Es comida de olor fuerte y sabor claro. Comes con pan para no dejar salsa, obvio. El plato no es bonito; es honesto. Sales de la cocina oliendo a fiesta pequeña. A veces comer es aceptar salpicaduras a cambio de un bocado que sabe a domingo cualquier día.
Miras desde campo y el horizonte se pliega en capas dramáticas. El viento sube, el trigo ondea si hay, los árboles susurran más fuerte. No llueve aún; es expectativa. Es naturaleza cinematográfica sin banda sonora, solo aire cambiante. Entras en coche justo cuando cae primera gota. Piensas que ver tormenta nacer es recordatorio de escala: tus problemas se vuelven miniatura un minuto honesto. El cielo hace su trabajo sin pedirte opinión.
Hay un truco invisible en tu ventana: si tiras del cordón con demasiada fe, la persiana protesta como si fuera personal. Has aprendido el gesto exacto, casi muscular, el mismo que usaba quien vivía aquí antes. Afuera cambia el tiempo, pero tu ritual no: un tirón suave, un segundo de silencio y luego la luz entra en diagonal. Da tranquilidad dominar al menos un mecanismo en un mundo acelerado; a veces la vivienda es lo único que responde como esperas.
Subes con alguien que no conoces y los dos miráis el número de planta como si fuera oráculo. Un “buenas” basta; no forzáis charla porque el espacio es pequeño y el aire, educado. Llega su piso, se baja, te quedas sola con alivio suave. No es frialdad; es respeto al límite ajeno. La convivencia en bloque empieza en esos diez segundos donde cada uno decide cuánto mundo mostrar. A veces basta no oler mal y no pegar el codo: ya es mucho.