Marquesina que tintinea con el viento
Hay noches en que el viento convierte la marquesina en instrumento improvisado y tú piensas si valdría la pena subir a mirar. No subes: mañana. Te tapas los oídos, cambias de habitación, aceptas que el piso tiene sonidos propios. Es parte del trato con vivir cerca de la calle, con estructuras que vibran. A la mañana el cielo está quieto y la marquesina finge inocencia. La vivienda te enseña a dormir con ruidos que no eliges y a celebrar el silencio cuando vuelve, como si fuera un regalo pequeño.