Responder “vale” a todo cuando ya no das más
Te piden cosas y tu cerebro traduce a monosílabo: vale, vale, vale. No es entusiasmo; es modo supervivencia. Luego te das cuenta de lo que aceptaste y suspiras. Es relatable de límites borrosos por cansancio. Piensas que decir no cuesta más energía que a veces no tienes. Aun así, el día pasa. Prometes terapia o lista o algo. Por ahora, “vale” funciona como puente frágil hacia la noche. Te tumbas y el móvil sigue pidiendo; tú ignoras con dignidad relativa.