Estantería de libros que se curva con cariño
La estantería aguanta más peso del prudente y empieza a curvarse con dignidad preocupante. Reorganizas, sacas libros que no tocarás y aun así vuelve a llenarse. Es el musculo doméstico de la curiosidad: quieres tener cerca lo que te define. Aprietas tornillos, pones soporte, prometes no comprar más. La promesa dura lo que dura una oferta buena. La vivienda se llena de historias verticales; miras la curva y piensas que la casa también cansa de sostener tanto futuro pendiente.