Subir escaleras para “no ser floja” y llegar jadeando
Evitas ascensor por orgullo deportivo ridículo; mitad camino ya dudas de tus decisiones. Llegas arriba con saludo falso al aire. Es relatable de autoexigencia absurda. Piensas que movimiento cuenta aunque sea tortura cómica. Te sientas un minuto como si hubieras corrido maratón. El día a día incluye micro castigos y micro victorias sin testigos. Nadie aplaude, pero tu pierna sabe que moviste algo. Mañana igual coges ascensor sin vergüenza; equilibrio es sabiduría adulta imperfecta.