Hacer deporte en enero y abandonar en febrero con honor
Enero huele a gimnasio nuevo y culpa navideña. Febrero huele a sofá realista. No te odias del todo; te ríes. Es relatable de ciclos de intención. Piensas que el cuerpo pide movimiento irregular, no disciplina militar eterna. A veces vuelves en marzo; a veces en septiembre. El año es largo; la culpa no tiene que serlo también. El día a día es intentar, parar, intentar distinto. Nadie lleva medalla de constancia perfecta en la frente; solo sudor intermitente y buena voluntad a ratos.