Extractor de cocina que confiesa grasa
Un día miras el filtro y entiendes por qué la cocina olía a fritura fantasma. Es asco productivo, prueba de comidas reales. Lo limpias con determinación adulta, manchas el fregadero, pero al final respiras mejor al freír. La vivienda no miente: lo que no limpias, huele. Es una lección doméstica pequeña y poderosa. Vuelves a cocinar con menos culpa y más ventana. El extractor vuelve a ser aliado ruidoso, testigo honesto de tus ganas de tortilla los viernes.