Felpudo gastado que aún cuenta la verdad
El felpudo está desteñido, torcido, con pelos de calle incrustados. Aun así cumple: recibe tus zapatos sucios sin juicio. Lo miras y piensas en comprar uno bonito; lo pospones porque el gasto no pesa igual que otras cosas. Es el primer filtro simbólico: afuera barro, adentro intento. La vivienda empieza en ese rectángulo modesto. A veces lo sacudes con violencia amorosa y vuelve a aguantar otra temporada. No es decoración; es frontera pequeña entre calle y calma.