Luz tenue del pasillo que dejas encendida
Dejas una luz baja para no chocar con los muebles a medianoche, ese gesto maternal contigo misma. El pasillo se vuelve cine doméstico: sombras largas, puerta entreabierta del baño. Es una decisión pequeña de seguridad y de cariño hacia tu yo futura, medio dormida. La vivienda se vuelve amable cuando anticipas tropiezos. Apagas por la mañana y el día empieza con un clic, con la sensación de haberte cuidado en secreto mientras el mundo aún no pedía rendimiento.