Zapatos en la entrada como mapa del día
En la entrada hay un desorden honesto: zapatos de calle, zapatillas torcidas, un paraguas que gotea en invierno. No es el recibidor de catálogo, pero cuenta la verdad de quién vive aquí y qué ritmos lleva. A veces lo ordenas por salud mental; otras, lo dejas porque el cansancio manda. Ese umbral entre fuera y dentro es sagrado aunque sea pequeño: es donde te quitas el mundo un poco. La vivienda empieza antes del salón, en ese metro donde decides ser otra versión de ti, más floja y más real.