Piso de alquiler con historia en las paredes
Las paredes cuentan capas: un blanco demasiado frío, una sombra donde hubo cuadro ajeno, una esquina donde alguien apoyó mil veces la maleta. No es tu obra eterna, pero es tu etapa y la tratas con respeto prudente. Evitas clavos grandes y aprendes a colgar vida con tiras que prometen no dejar marca. Aun así, el salón empieza a oler a ti, a tu café, a tu ritmo. Vivir de alquiler es negociar con lo provisional hasta que lo provisional se vuelve hogar por acumulación de días honestos.