Ventana que da al patio de luces
Tu ventana no da a una avenida cinematográfica: da al patio de luces, a tendederos y a conversaciones que escuchas a medias. Al principio te incomodaba; ahora reconoces voces, horarios, el día que alguien estrena secadora. Es intimidad compartida sin romanticismo falso: la ciudad metida en casa con discreción. Aprendes a tender sin exhibirte y a bajar la voz al teléfono. Vivir así es aceptar límites y encontrar belleza en lo cotidiano: luz cruzada, sombras, vida pegada a la pared.