Mirilla empañada de dedos y lluvia
Miras por la mirilla y ves borrosidad: dedos, humedad, vida. Pasas el trapo y el mundo exterior vuelve a nitidez breve. Es un gesto de vigilancia suave, de curiosidad sin morbo fuerte. El timbre suena y vuelves a mirar, ya limpio. La vivienda te entrena en fronteras: quién entra, quién no, cuánto dejas ver. A veces prefieres no abrir y está bien. La mirilla es ojo pequeño de tu casa, testigo de paquetes, de vecinos, de noches en las que solo querías paz.