Rodapiés con polvo que no te juzga
Te agachas y ves la franja de polvo que vive donde la fregona no llega con ganas. Suspiras, pasas trapo con dedo, prometes hacerlo más seguido. El polvo vuelve porque el mundo es así. La vivienda real tiene rincones aburridos que exigen humildad. No es fracaso; es mantenimiento infinito. Cuando lo dejas medianamente limpio, te levantas con crujido de rodilla y sensación de mérito absurdo. La casa no pide perfección; pide que no la abandones del todo.