Pescado del día que te explican con paciencia
En la pescadería te dicen cómo cocinarlo sin ponerte nerviosa. Llegas a casa con el papel manchado y la intención de no estropearlo. Lo haces a la plancha con limón y sale bien: victoria marina modesta. Huele a mar en la cocina y abres ventana. Comer pescado fresco en ciudad es pequeño lujo cotidiano, casi política personal de cuidarse. No hace falta restaurante caro; hace falta confianza en el puesto y ganas de no complicarte la técnica.