Cocina con azulejo que nunca queda impoluto
Hay una junta que se oscurece aunque la frotes con fe. Te obsesionas cinco minutos y luego aceptas la derrota cosmética. La cocina funciona, oye, cocina: humo, aceite, vida. El azulejo cuenta salpicaduras de recetas valientes y de prisas. Limpiar lo justo para sentirte bien sin pretender esterilidad de laboratorio es un equilibrio adulto. Miras el fogón y piensas que lo importante es que el sitio invite a repetir, no a presumir. La casa se come contigo, en el buen sentido.