Cocina pequeña, coreografía diaria
En tu cocina caben dos personas si respiran poco y se coordinan como bailarines. Abres un cajón y el otro se cierra solo; el microondas ocupa el único hueco lógico y aun así funciona. Has aprendido a cocinar en tres movimientos sin tirar nada al suelo, un talento que no pones en el currículum pero que te define. Si alguien nuevo entra y se ríe del espacio, tú sonríes: la comida sale igual de buena. La vivienda no se mide en postureo, sino en lo que aguanta tu rutina.