Caja de juguetes de sobrinos en el salón
Cuando vienen peques, el salón se convierte en puerto de barcos de plástico y risas altas. Luego queda un coche bajo el sofá como huella dulce. Recoges sin prisa, sonriendo. La vivienda cambia de escala social: de adulto solitario a circo breve. Te gusta el ruido aunque después busques silencio como agua. Guardas juguetes en una caja y el piso vuelve a su ritmo. Es hogar flexible, capaz de abrirse a familia sin perderse. La marca del uso es amor, no desorden malo.