Ventana antigua que deja entrar ruido y vida
Cierras la ventana y aun así entra un hilo de sonido: motos, risas, alguien discutiendo con el aire. No es aislamiento perfecto, pero tampoco quieres un acuario silencioso. La ciudad se cuela un poco y te recuerda que no vives en una burbuja. Abres cuando cocinas y el barrio entra con olor a comida ajena mezclado con la tuya. La vivienda dialoga con la calle por rendijas y por decisiones de aire. Es ruido, sí, pero también compañía, latido, prueba de que estás en un sitio con gente.