Ventana que condensa y dibuja mapas
En invierno, el vidrio se empaña por dentro y tú dibujas corazones tontos con el dedo como si tuvieras ocho años. Afuera el mundo se vuelve borroso; adentro el té caliente pesa en las manos. Es un lujo barato de mirar la calle sin ser del todo vista. La condensación molesta a quien ama la casa clínica; a ti, a veces, te da una pausa visual, un respiro. Luego pasas el trapo y vuelve la transparencia, como si hubieras limpiado también un poco la cabeza.