Macarrones con tomate de tarde de niñez
A veces el cuerpo pide macarrones con tomate y queso rallado sin más. Los cocinas en veinte minutos mientras suena algo en el móvil. El plato huele a escuela, a casa ajena, a seguridad. Comes caliente y te limpias la boca como si fueras otra vez pequeña. No es trendy; es consuelo. La comida tiene memoria muscular: sabores que bajan defensas. Guardas el resto en tupper y mañana serán igual de buenos, quizá mejores, con un día menos encima.