Hacer la cama solo porque viene visita
Escondes caos en cajones con velocidad de mago cansado. La casa huele a ambientador de emergencia. Cuando llegan, finges que siempre está así. Es relatable de performance doméstico mínimo. Se van y vuelves al desorden honesto. Piensas que la limpieza para otros es acto social, no moral. El día a día real vive entre dos estados: presentable y real. Ambos son válidos. Te sientas con taza y recuperas verdad de tu piso, con calcetines en el suelo como amigos que volvieron.