Sábanas que se escapan del colchón
Cada dos noches, la sábana inferior intenta fugarse como adolescente. La vuelves a meter con manotazo de cansancio y prometes comprar sujetadores de esquina. La promesa se pospone porque la vida es lista larga. Aun así, duermes: mal rematado a veces, pero duermes. La cama es el centro honesto del piso, el lugar donde el postureo no aguanta. La vivienda te recuerda que el confort real no siempre es Instagram; a veces es aguantar una esquina suelta y seguir soñando igual.