Cortina de ducha que se pega en la piel
El plástico te abraza con frialdad traicionera en plena ducha y gritas un poco por dentro. La empujas, gotea, vuelve. Es comedia doméstica barata pero repetida. A veces piensas en cambiarla; otras, sobrevives. El baño es lugar de vulnerabilidad y de risas tontas contigo misma. La vivienda no siempre es estética; a veces es luchar con una cortina como si fuera antagonista de segunda. Sales limpia, vencedora moral, con el pelo mojado y una historia mínima para contar.