Interruptor que hay que apretar dos veces
En el pasillo hay un interruptor con carácter: la primera vez finge que no te ha visto, la segunda cede con luz amarillenta hacia el baño. Llevas meses prometiendo arreglarlo y posponiéndolo porque ya forma parte del mapa muscular de la casa. Esos fallos te recuerdan que vivir es mantener: electricista, bombilla, no dejar que lo trivial se eternice. Aceptas el ritual y sonríes: tu hogar tiene tics, como las personas que quieres.