Vecino que baja el volumen del videojuego a medianoche
Le mandas mensaje suave; él baja sin discutir, dice perdón breve. Duermes. No es amistad nueva; es acuerdo nocturno. La convivencia gamer existe: diversión sin convertir el piso en discoteca. Cuando alguien ignora, sube guerra. Hoy funcionó. Piensas que la tecnología de auriculares debería ser norma social más fuerte. Aun así, agradeces el gesto. El silencio vuelve y el edificio recupera temperatura de descanso compartido, frágil pero valiosa.