Chocolate a la taza espeso de invierno
Lo pides en una taza ancha y lo mojas con churros o con palmera de supermercado sin complejo. El chocolate pesa, calienta manos y alma. Es comida postre disfrazada de plan principal. Afuera hace frío; adentro estás derretida de bienestar. Sales con azúcar en la boca y energía de niña. A veces comer es volver a una versión más simple de ti. El camarero te mira con complicidad: sabe que este pedido es terapia líquida con canela opcional.