Jardín de balcón con albahaca que sobrevive a tus olvidos
La albahaca se pone triste, luego la riegas y revive como drama resuelto. El sol del balcón quema hojas si no mueves maceta. Las abejas urbanas visitan y te sientes agricultora de metro cuadrado. Es naturaleza en miniatura con culpa y cariño mezclados. Cortas hojas para pasta y huele a verano falso pero real. Piensas que cuidar planta en ciudad es entrenamiento de constancia: no es granja; es recordatorio diario de que vivir implica agua, luz, tiempo, y perdonarte cuando se te seca un poco.