Decir “luego te llamo” y olvidarte en cuatro minutos
Lo prometes con buena fe; la vida interrumpe con otra pestaña mental. Recuerdas a medianoche con culpa suave. Es relatable de amistad con huecos. Piensas que el día a día no mide cariño solo por llamadas puntuales. A veces mandas mensaje tarde y la otra persona entiende. Otras, habláis y se rellena hueco. No eres monstruo social; eres saturada. El teléfono pesa; a veces ignorarlo es supervivencia, no abandono, aunque la culpa visite cinco minutos.