Oficina con cocina compartida y regla del “lava tu taza”
Alguien deja nota humorística; otro se ofende cinco minutos; luego se cumple sin aplauso. Es convivencia laboral micro: mugre ajena duele más de lo racional. Cuando el fregadero está limpio, el día arranca mejor. No es familia; es contrato social de espacio. Piensas que compartir nevera con desconocidos entrena paciencia y también límites: avisar sin humillar, limpiar sin hacer de madre del grupo. Sales a tu mesa con café y con menos resentimiento si alguien lavó antes.