Decir “solo miro un capítulo” y ver cuatro seguidos
Netflix pregunta si sigues ahí y te sientes atacada. Aceptas con vergüenza. Es relatable de binge nocturno. Piensas que el día a día necesita narrativa fácil para apagar cabeza. A veces es escape sano; a veces es huida. Disciernes al día siguiente con ojos hinchados. No eres adolescente; eres adulta cansada con control remoto. El cliffhanger gana porque la vida real no da cliffhangers resolubles tan rápido; la ficción paga dopamina barata.