Menú del día con sopa que abraza
Entras al bar con hambre de verdad y el menú del día te recibe con sopa humeante y pan en cesta. El camarero te pregunta sin prisa y tú respondes como si fuera ritual. La primera cuchara baja la ansiedad del curro; el segundo plato llega generoso, casi exagerado. Pagas poco para lo que te dan y sales con la tripa contenta y la cabeza más quieta. No es alta cocina; es España en modo cuidado cotidiano, con aceite bueno y conversación de mesa alta al lado.