Tortilla francesa del viernes por la noche
Abres la nevera y el inventario es honesto: huevos, queso medio raro, cebolla si hay suerte. Haces una tortilla o un revuelto que salva el día sin postureo. Comes en el sofá con tenedor y serie floja. No hay vino caro ni plato bonito; hay hambre resuelta con calor. Es comida de adulto cansado que aun así se cuida lo justo. El sabor es simple y el alivio es grande: cerrar el día con algo caliente en el estómago y sin culpa de delivery.