Comida en familia con discusión suave de política
En la mesa hay ensaladilla, croquetas, algo asado que huele a domingo. Alguien suelta un comentario y la conversación sube un tono, pero el pan une. Se comen segundos para cambiar de tema. Es comida compartida con tensión cálida, la de las familias que se quieren aunque no piensen igual. Al final quedan platos vacíos y risas flojas. Te das cuenta de que la mesa aguanta más de lo que crees: comida como pegamento imperfecto pero verdadero.