Decir “es que tengo muchas cosas” como explicación universal
Sirve para retrasos, olvidos, mal humor suave, todo. La otra persona asiente porque también tiene cosas. Es relatable de saturación compartida. Piensas que el día a día moderno es lista infinita con nombre propio: cosas. A veces nombrarlas basta; no necesitas enumerar. A veces necesitas enumerar y llorar. Entre medias, “muchas cosas” funciona como contrato social de paciencia mutua. No resuelve nada; alinea expectativas humanas imperfectas.