Ruido del timbre que te cambia el pulso
El timbre suena y tu cuerpo hace un microsalto, aunque esperes un paquete. Es el sonido de la frontera: alguien quiere entrar en tu orden privado. Miras la mirilla, respiras, abres con cortesía. A veces es vecino, a veces repartidor, a veces equivocación. La vivienda se protege con gestos pequeños: cadena, doble clic, mirilla empañada. Es tu territorio y el timbre lo recuerda. Cuando calla de nuevo, el silencio vuelve a ser tuyo y el piso recupera su temperatura de refugio.