If you're VAT registered you have to put VAT on invoices (or reverse charge for B2B in EU). If you're under the threshold you might not need to. Include payment terms, your details and a clear description. Keep copies; you'll need them for tax returns.
E-residency lets you run an EU company from anywhere. Profits are only taxed when you distribute them (dividends). So you can leave money in the company and defer tax. You still pay tax where you're personally resident when you take it out.
Me han pasado el trimestre y aún no me han pagado dos facturas de hace dos meses. "Está en proceso." Mientras tanto yo pago a Hacienda y a la Seguridad Social. El cash flow es un drama.
Italy never disappoints. This time we did Milan, Rome, Florence and the Amalfi coast. Rome first – the Colosseum, the Vatican, the pasta. Italy has so much art and history.
Near the Spanish Steps someone tried the bracelet scam on us – we said no thanks and moved on. Just be aware in busy spots. Then Florence – the Uffizi, the Duomo. The wine in Italy is something else. We did a wine tour in Tuscany. Italy in autumn is golden.
Naples and pizza. The real thing. Amalfi coast – Positano and lemon groves. Would move to Italy for the pasta alone. The light in Italy is magic. The people are loud and warm.
Italy is chaos and beauty. Already planning the next trip to Italy. Italy has my heart.
If you're based in one EU country and sell digital services to customers in others, you might need to register for VAT OSS (One Stop Shop) and charge their local VAT rate. Below the threshold you might be exempt. It's a mess, use a tool or accountant.
Mezclas avena, mantequilla, azúcar moreno, chips de chocolate si hay. El horno llena el piso de olor a galleta de película. Las sacas un poco doradas y queman lengua si no esperas. Comes dos calientes y guardas el resto en tarro con intención heroica. Es merienda doméstica que huele a hogar aunque vivas sola. No es salud total; es calor emocional con fibra. Lavas el bol y piensas en repetir semana que viene, porque el olor ya te enganchó.
Declaro en España. Declaro en el país de mi empresa. Pago a un gestor para que explique por qué pago en los dos. El único que gana seguro es el gestor. Justicia poética.
Amarillo intenso hasta el horizonte, abejas ocupadas, polen en el aire. Caminas por margen con cuidado de no entrar en propiedad privada. El viento hace ola amarilla. Es naturaleza agrícola efímera, bonita y breve. Haces foto y también miras sin cámara un rato. Sales con polen en hombro. Piensas que los girasoles son optimismo con tallo: siguen la luz aunque sea obvio, sin ironía, y a ti te contagian un poco su decisión simple de mirar hacia arriba.
El agua pasa lenta, el musgo cubre sillares como alfombra vieja. Tocas piedra fría, imaginas siglos sin forzar fantasía. Peces sombra pasan. Es naturaleza mezclada con historia humana, convivencia larga. Sales con salpicaduras en brazos si te agachas demasiado. Piensas que los puentes viejos enseñan que humano y río pueden negociar tiempo: piedra aguanta, agua talla, tú miras un segundo y sales con idea de permanencia relativa y agua siempre ganando al final.
Desde que busqué "NIE extranjería" me llegan diez emails al día de gestorías y asesorías. No he dado el correo a nadie. Dónde habré entrado. Ya no abro nada.
Cosas de adulto, versión real. Hay gente que quieres ver y el tiempo no coopera. Priorizo dormir. Plot twist adulto. Lo intenté arreglar con paciencia, con listas y con buena cara, pero el cuerpo siempre pasa factura cuando normalizas algo que te desgasta más de la cuenta. Al final hablé con alguien de confianza y ponerlo en palabras ayudó: no solucionó todo, pero me devolvió un poco de perspectiva para no ir en piloto automático.
Entras con lista mental sana; el estómago manda y el carrito crece con cosas crujientes. Llegas a casa, comes dos, te arrepientes cero coma cinco. Es relatable de impulsividad digestiva. Piensas que ir al súper con hambre es error clásico y lo repites igual. El día a día es negociar con futuro tú mientras presente tú sabotee con ganas. A la noche guardas lo demás jurando moderación. El ciclo es cómico hasta que no; hoy es cómico.
El libro es bueno; tu cerebro no colabora. Lees, te das cuenta de que no entró nada, vuelves atrás. El móvil pica un poco en mesa como demonio mini. Es relatable de concentración rota. Cierras páginas, suspiras, sigues. Piensas que no siempre eres la persona productiva de tu fantasía. A veces el día a día es luchar por atención como adolescente con deberes. Aun así, quedarte intentando ya es forma de cuidado: no rendirse del todo a la dispersión, aunque gane a menudo.
Salí dejando el piso impecable. Fotos de cómo quedó. Han pasado tres meses. Dicen que hay que descontar pintura y limpieza. La factura que me pasan es el doble de lo que costaría. Voy a tener que reclamar. Qué cansancio.
Te la trae limpia, enrollada, sin que corra el tiempo largo. Agradeces y guardas confianza para próxima vez. Es convivencia de préstamo: credibilidad acumulada. Si alguien retiene cosas, el edificio se cierra. Si devuelve, se abre. Piensas que compartir taladro es banco emocional pequeño. No es economía colaborativa de feria; es “te lo devuelvo porque quiero que sigas confiando”. Sales con taladro en mano y con mapa mental de vecinos fiables, oro en ciudad.
Under the Beckham regime in Spain you only pay Spanish tax on Spanish-source income. Foreign income (e.g. dividends from a US broker) isn't taxed in Spain during the 6 years. You might still have to declare it elsewhere depending on citizenship.
Tus tomates no son simétricos; son feos y sabrosos. Regas con manguera que gotea, tierra bajo uñas, sol en nuca. Las abejas van y vienen sin pedir permiso. Es naturaleza en miniatura dentro de ciudad ruidosa. Cosechas tres tomates y celebras como triunfo. Cocinas ensalada que sabe a trabajo lento. Piensas que cultivar es conversación con el tiempo: esperar, fallar, volver. El huerto no miente: si no riegas, se nota; si riegas, también.
Las hojas plateadas brillan cuando el viento las voltea. El suelo está blanco de restos de aceituna vieja. Caminas despacio porque la pendiente miente. Ves lagarto que huye en zigzag. Es naturaleza agrícola, domesticada pero salvaje a ratos. Huele a hierba seca y a aceite imaginario. Sales con polvo en la boca. Piensas que el olivar es paisaje de paciencia: árboles que viven décadas y te recuerdan que tus prisas son ruido, no ley universal.
La pides con caña y aceitunas, en ración que parece pequeña y no lo es. Está fría, cremosa, con zanahoria en cubos perfectos como mentira bonita. Comes de pie, mirando la calle. Es comida de vermut, de tarde que empieza sin prisa. El pan limpia el plato con devoción. Sales con hambre aplacada y ganas de seguir charlando. La ensaladilla une generaciones en bar: abuelos, jóvenes, todos mojando igual. Es tapeo suave, casi nostalgia mayonesa.
Salta el aceite, te quemas un poco, sigues removiendo con miedo respetuoso. El ajo se dora y el pollo chilla en el buen sentido. Abres ventana y el vecino sabe que cocinas. Es comida de olor fuerte y sabor claro. Comes con pan para no dejar salsa, obvio. El plato no es bonito; es honesto. Sales de la cocina oliendo a fiesta pequeña. A veces comer es aceptar salpicaduras a cambio de un bocado que sabe a domingo cualquier día.
Miras desde campo y el horizonte se pliega en capas dramáticas. El viento sube, el trigo ondea si hay, los árboles susurran más fuerte. No llueve aún; es expectativa. Es naturaleza cinematográfica sin banda sonora, solo aire cambiante. Entras en coche justo cuando cae primera gota. Piensas que ver tormenta nacer es recordatorio de escala: tus problemas se vuelven miniatura un minuto honesto. El cielo hace su trabajo sin pedirte opinión.
Hay un truco invisible en tu ventana: si tiras del cordón con demasiada fe, la persiana protesta como si fuera personal. Has aprendido el gesto exacto, casi muscular, el mismo que usaba quien vivía aquí antes. Afuera cambia el tiempo, pero tu ritual no: un tirón suave, un segundo de silencio y luego la luz entra en diagonal. Da tranquilidad dominar al menos un mecanismo en un mundo acelerado; a veces la vivienda es lo único que responde como esperas.
Subes con alguien que no conoces y los dos miráis el número de planta como si fuera oráculo. Un “buenas” basta; no forzáis charla porque el espacio es pequeño y el aire, educado. Llega su piso, se baja, te quedas sola con alivio suave. No es frialdad; es respeto al límite ajeno. La convivencia en bloque empieza en esos diez segundos donde cada uno decide cuánto mundo mostrar. A veces basta no oler mal y no pegar el codo: ya es mucho.