Ascensor con carrito de compra y nadie pone mala cara
Entras con carrito grande; la gente se acomoda sin drama. Alguien suelta broma suave del súper. Bajáis riendo un segundo. Es convivencia cotidiana de compra: espacio negociado con humor. Cuando alguien resopla fuerte, el ascensor se enfría. Hoy no. Piensas que la vida doméstica pública necesita estas treguas. Sales con leche y con menos vergüenza de ocupar sitio. Es ridículo lo que alivia un gesto amable en un cubo metálico, pero alivia.