Cola en la farmacia con turno y paciencia compartida
El número avanza lento y alguien suspira en voz baja, otro sonríe con complicidad. Nadie corta; hay respeto al dolor ajeno. Cuando entra una anciana tambaleante, alguien cede sitio sin que la pantalla lo pida. Es convivencia urbana pequeña, casi invisible. Sales con tu receta y con sensación de haber estado en un sitio donde la gente aún sabe esperar. No es romanticismo; es educación mínima que alivia el día cuando el cuerpo ya va justo.