Vecino que baja basura tuya sin pedírselo una vez
Te encuentra en el rellano con tres bolsas y dice “déjame una”. No es costumbre; es gesto puntual. Agradeces con cara de alivio real. La convivencia se refuerza con favores que no se convierten en deuda eterna. Al día siguiente devuelves con limones o con simple saludo más cálido. El edificio cambia un grado. Piensas que la gente buena existe en formato vecino esporádico y que eso ya cambia la textura del día sin convertirse en novela.