Vecinos que respetan la hora de la siesta infantil
Alguien deja nota suave: “entre 15 y 17, si podéis, bajar taladro”. No es ley; es ruego razonable. La mayoría acata sin hacer teatro. La convivencia con niños pequeños necesita redes de silencio negociado. Cuando funciona, los padres respiran. Cuando no, el grupo explota. Esa nota educada salva más que normas duras. Piensas que la ciudad puede ser hostil, pero a veces la gente entiende el valor de dos horas de paz para un bebé.