Alfombra que esconde historias de mudanza
La alfombra del salón tapa una baldosa que nunca te gustó, un truco barato que funcionó demasiado bien. Cada vez que la mueves para aspirar, vuelve el recuerdo de elegir “algo neutro” por no arriesgar. Con los años, la alfombra se llenó de huellas: sofá, zapatos, la noche que bailaste descalza sin música fuerte. La vivienda se construye con decisiones pequeñas y resignaciones buenas. Miras el centro desgastado: no está roto, está contado.