Páramo con brezos y viento que no perdona gorra
El brezo raspa piernas, el viento se lleva la gorra una vez y aprendes. El cielo es enorme, la tierra baja y oscura. Ves laguna negra lejana. Es naturaleza austera, casi lunar verde. Caminas con paso firme. Sales con mejillas ardientes. Piensas que el páramo enseña sobriedad: poco árbol, mucho aire, mucha distancia. No es confort; es claridad. Te gusta sentirte expuesta sin rascacielos: otra verticalidad, la del viento y del horizonte que no se acaba.