Vecinos que comparten escalera con perros que se toleran
Cruzáis correas, separáis un metro, los perros olfatean y no montan pelea. Los humanos hablan tono bajo: “tranquilo”. Es convivencia animal negociada. Si un día hay gruñido, retrocedes sin orgullo. Sales a la calle con alivio. Piensas que la ciudad canina necesita dueños que practiquen frenos y disculpas rápidas. No es parque perfecto; es pasillo compartido donde la paz cuesta un poco de atención y mucho respeto al miedo ajeno.