Café solo después de comer como puntuación
Terminas el menú y pides solo corto, casi medicinal. El amargor corta grasa y conversación. Te quedas un minuto mirando la barra, el ruido del bar, la vida entrando y saliendo. No es comida, pero cierra comida. Es ritual digestivo español mezclado con socialización mínima. Pagas poco, asientes al camarero, vuelves al curro más erguida. A veces lo importante no es el postre; es el café que dice “se acabó”, con humo y con calma robada al reloj.