Discusión en el grupo que se apaga con moderador humano
Alguien escribe fuerte sobre ruidos; otro responde peor. Entonces una vecina mediadora escribe seco: “mañana hablamos en persona”. El chat calla un poco. La convivencia necesita frenos reales; el texto acelera veneno. Al día siguiente, café en mano, se habla con cara y baja el humo. No siempre hay abrazo; a veces hay tregua. Pero es mejor que dejar que WhatsApp convierta el edificio en campo de batalla permanente.