Abuela y el plato que “te falta”
Llegas rodando de hambre y ella ya tiene el plato servido con ojo clínico. Te dice que estás delgada aunque no importe; lo dice con comida, no con sermón. Comes más de lo pensado porque sabe a infancia y a sal. Sobremesa con fruta cortada sin que pidas. Sales con la chaqueta abrochada y el corazón lleno. No es nutrición perfecta; es amor traducido a guiso. Esas comidas no entran en apps de calorías; entran en la memoria del cuerpo.