Pasta con pesto de bote porque el albahaca murió
Compras pesto bueno y lo mezclas con pasta recién escurrida con agua reservada, como te enseñó internet. Sale cremoso, verde, olor a nuez y queso. Comes en bol grande en el sofá. No es trampa si sabe bien: es vida apretada con estándares realistas. El plato limpia en cinco minutos y el estómago aplaude. A veces comer es aceptar ayudas del súper sin perder dignidad. Guardas el resto del pesto jurando usarlo mañana; el futuro dirá.